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Banner sobre el Quinto Academy: «Gestión del fuego y políticas públicas en Sudamérica»

Es mediodía en Lima y en Madrid transcurren las últimas horas de la tarde. A primeros de setiembre, seis especialistas en medio ambiente escuchan de forma remota la voz de Gabriel Quijandría, director regional de la UICN para América del Sur: «El año pasado tuvimos un récord de incendios forestales en la región. Es fundamental que pueda haber espacios de generación de conocimiento y de intercambio para abordar este reto tanto desde el punto de vista técnico como desde el punto de vista de la política pública».

La palabras de Quijandría abrían así un nuevo Academy, el evento multidisciplinar organizado por el Instituto Fondo Verde en el que profesionales de la sustentabilidad discuten públicamente sobre alguno de los asuntos más urgentes que desafían ambientalmente a Latinoamérica. El tema sobre la mesa de la quinta sesión era «Gestión del fuego y políticas públicas en Sudamérica».

El doctor Juan Silva Armas, experto en Ciencias Ambientales, propuso la discusión del tema; de consiguiente, resultó el encargado de presentarlo a sus pares: «Doscientos muertos, veinte mil viviendas afectadas, miles de hectáreas quemadas y millones de dólares en pérdidas», enumeró al referir solamente lo ocurrido en Chile —país de residencia—, durante el decenio finalizado en febrero de 2024, ‘botón de muestra’ de los desastres ocasionados por el fuego.

Y a la lista de países afectados podrían agregarse Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia o la Argentina. Silva Armas, rápidamente, se preguntó: «¿Quiénes son los responsables?». Las industrias de la soja, la palma y la carne aparecen como los responsables centrales en este proceso, advirtió el especialista, quien explicó que lo que no puede quedar sujeto a controversia es que «el 99 % de estos fuegos son de origen antropogénico. Es decir, los prendemos nosotros mismos».

Coadyuvado por el cambio climático, «el fuego forma parte de una dupla deforestación-fuego que está azotando el continente», clarificó Silva Armas al indicar una tendencia que debe poner en alerta a una Sudamérica que pareciera arder cada vez más: «En las últimas décadas tenemos un aumento considerable en el régimen de quemas, en la frecuencia, en la intensidad, en la duración, en la estacionalidad y en los daños a vidas y a las propiedades humanas».

Al continuar con su exposición, Silva Armas llamó la atención sobre el hecho de que «ahora se ha convertido en nuestro enemigo» un elemento como el fuego, que «ha estado moldeando los ecosistemas por largos periodos geológicos», y que, antecediéndola, «acompañó con éxito a la especie humana por muchos años». «Se ha convertido en un asunto complejo», coligió al inferir una de las posibles explicaciones.

Factores ambientales, sociopolíticos y económicos interactúan entre sí dificultando el abordaje integral, holístico e inclusivo del problema. Por ello, las políticas públicas modernas que pongan el énfasis en prevenir y no en prohibir «son la herramienta más importante en la gestión del fuego», comentó Silva Armas al cierre de su presentación, aceptando, no obstante, que su aprobación «enfrenta múltiples barreras».

«Si reconociéramos nuestra arrogancia, tal vez lograríamos gestionar estrategias integrales un poco mejor», lanzó el doctor Erick Brenes Mata al dar inicio al segmento de debate. Para el experto en Desarrollo Organizacional para la Sostenibilidad, «no somos occidentales, somos occidentalizados por el sistema». Y como seres humanos ‘occidentalizados’, el problema es «creer que conocemos y controlamos a la Pachamama», subrayó.

«Estamos viviendo la fase financiera del capitalismo, quiere decir que aquí mandan las instituciones financieras», aclaró, para enfatizar luego: «Ellas son las que están financiando esta deforestación». A su juicio, las mismas empresas que con esa práctica extienden sus entornos productivos «están disparándose en un pie». ¿Por qué? Brenes Mata respondió: «No están entendiendo que sus procesos agroindustriales dependen, primero y antes que nada, de procesos naturales».

El tercer experto en hacer uso de la palabra fue el doctor Braulio Buendía, quien sostuvo que «no estamos viendo el problema en su integridad ni en su real dimensión, y todas nuestras medidas son reactivas». Para el especialista en Gobernanza y Cambio Climático, aquellos que están diseñando las leyes y los marcos regulatorios deben ser empoderados. «Tenemos cuatro elementos: Estado, usuarios del bosque, mercados y ecosistemas —detalló—. Una medida sesgada, pensando solamente en el riesgo, nos lleva a un grave problema».

«La pregunta es cómo ensayamos mejores políticas públicas», afirmó al considerar que «para un poblador originario el bosque es su territorio, para el mercado es una fuente de suministros y para el Estado, un área a conservar porque tiene que cumplirse un compromiso». Ahora bien, diferentes miradas e intereses conllevan un desequilibrio que requiere de importantes niveles de participación social: «Yo creo que parte de la solución es pensar con una matriz cruzada entre temporalidad e involucrados», opinó Buendía.

Por su parte, la doctora Loraine Giraud Herrera, experta en Sostenibilidad Ambiental y Regenerativa, expresó: «Estos desastres tienen que ser atacados con estrategias a diferentes escalas mediante la gobernanza ambiental multinivel, la reconexión con los saberes ancestrales y la cooperación sur-sur». Además, puntualizó que «el enfoque reactivo ni siquiera es prospectivo, y sabemos los resultados». De acuerdo con Giraud Herrera, «la gobernanza efectiva requiere una capacidad del Estado totalmente distinta para generar consensos que implican procesos de negociación, comunicación y articulación con un enfoque estratégico de resiliencia comunitaria territorial».

A la doctora María Teresa Pérez Martín, le tocó vivir en primera persona los más recientes incendios forestales que asolaron España, y que solo en dos semanas del mes de agosto hicieron arder unas 400.000 hectáreas. «No se veía el cielo, el humo llegaba por todas partes, no se podía respirar», relató visiblemente afectada. «Hay que reequilibrar el ciclo presupuestario para que el 70% del dinero se gaste durante los meses de invierno, a través de la silvicultura preventiva, las quemas prescritas y el pastoreo dirigido, de tal manera que solamente un 30% del presupuesto se utilice en la campaña estival», postuló la experta en Ciudades Sustentables.

Los incendios forestales ya no pueden ser tratados como meros desastres naturales aislados: «Son eventos climáticos con consecuencias en cascada para los ecosistemas, las comunidades y nuestro futuro», aseguró Pérez Martín antes de ensayar una solución plausible: «La gestión del fuego se sitúa en la continuidad, en la gestión ecológicamente racional de nuestros recursos naturales, en el fomento de la resiliencia climática, la sensibilización y una política pública transversal y holística».

El último en ofrecer su mirada fue un experto en Sistemas de Información Geográfica para la Gestión Integral del Riesgo de Desastres: «¿En qué momento pasamos de gestionar el fuego a que el fuego se convierta en un peligro o, básicamente, en un desastre?», preguntó el doctor Yandy Rodríguez Cueto a sus colegas. El problema es que «no lo estamos gestionando —argumentó—, estamos respondiendo», por lo cual muchas políticas públicas «están diseñadas y enfocadas en la atención de la emergencia y no en la prevención». Rodríguez Cueto dejó un último interrogante: «La pregunta es si estamos preparados para, primero, prevenir la ocurrencia de desastres relacionados con el fuego, y segundo, atender la emergencia que deriva de los incendios».

«La preparación social no es solo cómo enfrentarse al fuego, sino cómo relacionarse con él para gestionarlo. El fuego no es el enemigo; esa tiene que ser la prédica», manifestó Silva Armas. «La ambición de unos pocos que controlan el capital está llevando esto al desastre total; o nos adaptamos o el fuego nos va a llevar por delante», sostuvo. Si bien satisfecho porque la trascendencia de la «causa del fuego» quedó demostrada durante el evento, al marcar el reloj las casi dos horas de debate Silva Armas tuvo «la tentación» de pensar en ella como una nueva causa perdida en la que el tiempo no debe malgastarse.

Sin embargo, el circunstancial abatimiento fue efímero: «Pero seguimos ahí, seguimos y seguimos, pensando y buscando», dijo Silva Armas recuperando la confianza. «No es un tema que pueda ser ignorado y dejado atrás en la agenda», insistió. Y puso el acento final en la superación de las barreras que deben sortearse en el diseño de políticas públicas. «Hay que promover la participación de toda la sociedad —señaló al concluir—. Hay que crear redes de interés alrededor de este problema y, de esa manera, presionar a los tomadores de decisiones para que se hagan cargo».

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