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Noveno Academy: Liderazgo para la sostenibilidad

«Durante décadas hemos asociado el liderazgo a tener visión, marcar una dirección, tomar decisiones y conseguir que otros nos sigan», sostiene María Teresa Pérez, experta española en derecho ambiental y sostenibilidad. «Quizás el gran desafío de nuestro tiempo —continúa— no sea formar líderes para dirigir el sistema que tenemos, sino desarrollar el liderazgo necesario para transformar un sistema que ya no da las respuestas que necesitamos».

En una mañana setembrina, un auditorio virtual se reúne y a las 11:05 de la Amazonía peruana escucha a Pérez iniciar su disertación sobre el «Liderazgo para la sostenibilidad en tiempos de cambio». «Nunca habíamos tenido tanto conocimiento, tanta tecnología ni tanta capacidad para anticipar las consecuencias de nuestras decisiones y, sin embargo, tenemos enormes dificultades para transformar ese conocimiento en acción colectiva», advierte.

«La ciencia nos está enviando señales muy claras», agrega al remarcar que la mayoría de los límites fundamentales para la estabilidad y la resiliencia del sistema planetario han sido transgredidos. Pero para Pérez, embajadora española del Pacto Europeo por el Clima, el dato sobresaliente no es que aquellos han sido quebrantados, sino que «esos límites están interconectados».

Es que, afirma la jurista, ya no es posible «hablar de clima sin biodiversidad, de agua sin agricultura, de energía sin territorio, de transición ecológica sin desigualdad, ni de sostenibilidad sin economía». Y la percepción de esa interconexión sistémica por parte de los líderes es para ella «la primera gran transformación que se necesita», porque en un sistema sostenible «optimizar una parte no significa necesariamente mejorar el conjunto».

Y si la innovación tecnológica puede aumentar las desigualdades, las regulaciones ambientales pueden fracasar por considerarse injustas o la rentabilidad de hoy puede generar enormes costes mañana, entonces, «¿qué nos falta?», pregunta Pérez en búsqueda del «punto ciego del liderazgo».

El logro de la sostenibilidad, comenta, no es solamente un problema de saber, sino de cómo transformar aquello que sabemos en aquello que hacemos. «Ahí empieza verdaderamente el liderazgo», se entusiasma. Ahora bien, la transformación necesita de algo más profundo para que sea sostenible: «Cambiar la lógica desde la que la decidimos».

En definitiva, la acción inconsciente, desprovista de propósito e intención puede llevarnos en una única dirección: la equivocada. «Ninguna persona puede transformar por sí sola un sistema energético, ninguna empresa puede transformar un sistema alimentario y ningún Gobierno puede resolver por sí solo la crisis climática», lanza Pérez.

Estos seminarios de alto nivel son convocados cada tres meses por Fondo Verde para que un panel de expertos consumados en múltiples disciplinas aborde públicamente los desafíos y oportunidades que se presentan para el logro de la sostenibilidad de América Latina. Y como es distintivo en ellos, a la presentación de un tema le suceden los intercambios entre pares.

A modo de preludio, Pérez formula una pregunta clave: «¿Y si el protagonista del liderazgo no fuera el líder, sino la misma transformación?». Es decir, crear las condiciones que harán posible que las personas vayan de un punto A a un punto B, «porque las sociedades no siempre se resisten a los cambios, se resisten sobre todo a que otros hagan los cambios», aclara.

«El reto contemporáneo es construir simultáneamente capital social, capital físico y capital de gestión, que son básicos para considerar realmente que se puede ir hacia un desarrollo sostenible», expresa Victoria Freyssinier, especialista en sostenibilidad, infraestructura y dirección de proyectos, y la primera panelista en intervenir.

Las infraestructuras construidas en los territorios son capitales físicos inanimados. «Sin embargo —explica Freyssinier, la primera mexicana reconocida como Envision Sustainability Professional o ENV SP—, el capital de gestión y el capital social son partes vivas de esas infraestructuras y se consolidan solamente cuando cumplen su objetivo social a través de una gestión sostenible».

«Y en este planteamiento, la mayoría de los proyectos invierten el noventa por ciento en el capital físico y, a lo mejor, muchísimo menos del diez en los otros», añade. Según Freyssinier, el hecho de que las infraestructuras construyan riqueza, «para transformar la realidad en prosperidad compartida y sostenible», dependerá de liderazgos granulares a nivel de planeación.

Loraine Giraud Herrera se encuentra entre las mujeres que han sido reconocidas por la Embajada del Reino de los Países Bajos como una de las protagonistas de la transformación social venezolana. «Efectivamente, estamos en un tiempo de inflexión y tenemos que mirar cuáles han sido nuestros impactos negativos y cómo podemos generar nuevos procesos, porque la sostenibilidad es el punto cero», manifiesta.

De acuerdo a Giraud Herrera, especialista en desarrollo sostenible con más de treinta años de experiencia en la gerencia de proyectos de cooperación internacional, las organizaciones e individuos tienen en sus mochilas ciertos hábitos, creencias y prácticas cargados de prejuicios. Y la regeneración necesaria para coevolucionar «implica suspender el juicio cuando tenemos ya unos hábitos antiguos».

A su juicio, la superación de la actual policrisis requiere abandonar el modelo perimido de gestión reactiva y transicionar hacia un modelo de liderazgo adaptativo y regenerativo. «Hay un proceso —afirma Giraud Herrera—, corazón, mente y manos abiertas para poder accionar colectivamente».

«Yo tengo la idea de que parte de este debilitamiento, esta situación de encontrarnos en la parte baja de la curva, tiene que ver con haber fragmentado mucho la discusión respecto de la agenda ambiental», opina Gabriel Quijandría, sociólogo, experto en la gestión de recursos naturales y exministro del Ambiente del Perú.

Para Quijandría, los liderazgos ‘buenos’ que eran admirados a finales de los noventa y que coadyuvaban a la construcción de una mirada sensible hacia el bien común, han sido desplazados en el presente por liderazgos ‘malignos’ «construidos sobre la base de despreciar a los demás».

Con muchos temas que tratar, comunidades de intereses que no interactúan y una cantidad gigantesca de información gestionada por inteligencias artificiales, la pregunta que se hace Quijandría, actual director para Sudamérica de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), es «¿cómo animar a las personas, sobre todo a los jóvenes, respecto de lo que está pasando?, ¿cómo responder al tecnofeudalismo?».

«Estamos en un momento del planeta bastante interesante, porque nadie está contento con este modelo de desarrollo. Y este es un buen punto», dispara Rodrigo Rodríguez Tornquist, especialista argentino en políticas de desarrollo sostenible y cambio climático. Y pregunta: «¿Alguien quiere sostener esto?».

Rodríguez Tornquist coincide en que la esperanza militada es lo que lleva a los seres humanos a colaborar y a entender que nadie se salva solo: «Toda propuesta política, filosófica o económica que niegue la sociabilidad y la colaboración no solamente es equivocada, es simplemente antinatural, porque el ser humano es un producto colectivo y colaborativo».

«Hay una crisis de sentido. Tenemos tres trillones de dólares en criptomonedas que no generan ningún valor social y un déficit de inversión en naturaleza de entre cinco y siete billones de dólares anuales», resalta con contundencia Rodríguez Tornquist, exsecretario de Cambio Climático, Desarrollo Sostenible e Innovación de la Argentina.

Con individuos quebrados internamente, el desafío es coexistir con la inteligencia sintética. «Nunca el ser humano tuvo que lidiar con un organismo tecnológico más inteligente que compite por los mismos recursos vitales; lo que viene es gestionar el riesgo», previene Rodríguez Tornquist, quien actualmente dirige el Observatorio de Capital Natural y Finanzas para la Naturaleza (OCN LAC).

La ruptura social y ecológica ya se ha producido. «Estoy asustado, porque el miedo es humano; y estoy abrumado», dice Juan Silva Armas, biólogo chileno experto y profesor de ecología. «Creo que el tiempo de la teoría ya pasó y tiene que haber una pausa; la respuesta —subraya el último de los oradores—, obviamente, está en la acción».

¿Qué hacer? Una y otra vez la pregunta se propaga por el éter como un eco. De acuerdo a Silva Armas, con amplia experiencia en el análisis de comunidades vegetales y sus dinámicas poblacionales, «acá no hay lineamientos generales». Y la llave sería comenzar a «actuar en el contexto».

A pesar de destacar la contradicción aparente entre la figura individual del líder y la idea de que todos podríamos convertirnos en uno, el experto no pierde la confianza en el papel de los liderazgos tradicionales, donde el líder «guía, orienta, estimula y señala un camino», y con ello, acicatea la participación, estimulando a que cualquiera, «en alguna medida», se ponga al frente de su situación particular.

Epilogando la sesión, Pérez enumera cinco principios fundamentales del liderazgo: «Escuchar antes de dirigir; confiar antes de controlar; elevar a otros antes de buscar el protagonismo; aprender antes de culpar, y combinar firmeza con humanidad». Para ella, la verdadera medida de líder ya no es cuánto consigue personalmente, sino cuánta capacidad dejará en el sistema cuando ya no esté.

«¿Qué significa liderar en tiempos de cambio?», reitera por última vez. «Significa aceptar que ya no necesitamos líderes que pretendan tener todas las respuestas —plantea con determinación—, sino líderes capaces de formular mejores preguntas». Estos líderes deberán comprender los sistemas, convivir con la incertidumbre y utilizar la tecnología pero sin delegarle su propia responsabilidad.

Sin muchas oportunidades más para la transformación de una humanidad que no parece dispuesta a ponerse de acuerdo para «remar en el mismo sentido», el panorama, si bien sombrío, no le quita su lugar a la esperanza. «¡Puf! —exclama Pérez—, llevamos muchos años diciendo que estamos en un momento crucial, pero verdaderamente creo que ya no tenemos excusa»...

El cronómetro acusa 133 minutos de trabajo y, con ello, que el tiempo fijado para la novena sesión de la Fondo Verde Academy se ha cumplido.

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